4 de julio de 2008

Compartir.

Ya han pasado algunas horas y aunque sigo estando en shock me di cuenta que escribí mis primeras palabras armando un blog, sin pensarlo. Fue espontáneo. Tal vez por algún resorte extraño en mi cabeza, para compartirlo.
Puede ser una buena idea, aún no estoy seguro.
Puedo escucharlos. A quienes lo lean. Compartir las cosas que de ahora en mas sucedan.
El mundo después de la bomba.
Yo le digo así. No se otra cosa; atómica, sucia, plutonio o como sea.
Por otro lado todos están diciendo que fueron los árabes, Al-Qaeda u otro grupo parecido. Suicidas o no nadie ha reconocido su autoría.
Abrí mecánicamente mi maletín de herramientas para hacer un orden que no necesita.
Soy técnico, en electrónica; reparo computadoras y otras cosas. Cincuenta y un años.
Fui un poco Hippie en los setenta, tal vez más por seguir la corriente y conseguir chicas, pero sí recuerdo que al final de los `60 nos tenía podrido todo el lió de Vietnam y la guerra fría. Mi viejo me contó que jamás había tendido tanto miedo como cuando ocurrió el problema de los misiles de Cuba. Escuchándolo a él y luego los cientos de tardes con mis amigos, éramos tan idealistas entonces, maduramos un poco repudiando las guerras, la violencia y con miedo a la bomba. Y luego vinieron los militares…
Si creen que fue poco, yo nací y viví entonces en La Plata.
Ciudad de universitarios, de grandes y nobles ideas y luego una gigantesca represión militar con incontables desaparecidos . Una palabra extraña y loca que se inventó por entonces; ¿Cómo se puede estar desaparecido? Muerto. Si. Vivo. Sí. Perdido. Fuera de este mundo. En el mar. En el espacio. Feliz. Agonizante. Todos los adjetivos que quieran. ¿Pero desaparecido? Dios.
Aquí estoy. Vivo aún. Por milagro. Luego de tanta locura y odio en el mundo.
Para ver esto.
Me repito.
No puedo creerlo.
Hace dos horas que no meo y puedo sentirlo subiendo hasta mi cabeza, con bronca mis dedos teclean olores de orín y rabia .Tengo ganas de ponerme a llorar pero no se cómo. La garganta me arde y aunque el último whisky lo tomé hace mas tres años daría lo que fuera por tomar uno doble con hielo metiéndolo en la boca como quien chupa una naranja. Jamás los olores se me incrustaron en la cabeza como ahora.
-Escuchá.- me grita Jorge desde la mesa contigua.
Me giro al televisor.
-…ya se supone al menos dos millones o dos millones y medio de muertos más las victimas que en los próximos…-
Dios.
Si Dios existe porqué…
No, eso no es justo. Esa no es una pregunta justa.
Por favor; que alguien me pegue en las pelotas hasta que no pueda sostener ni un centímetro de aire en mis pulmones, que me desangren de sangre y agua y bilis hasta que quede seco como almendra en navidad pero esto no. Esto no. No.
Me acerqué a la máquina de agua y me preparé un café tan fuerte como me anime a soportar. Mas de siete cucharas.
Estaba caliente y horrible. Pero al menos me quitó algo esa sensación fría y resbalosa que me recorría la piel.
Le quite prolijamente los seis tornillos a una computadora y con una paciencia que nunca tuve empecé a limpiar un “cooler” con un cepillo de dientes.
Despacio, me dije. Lento.
Ahora les pregunto.
¿Alguien quiere decirme porqué?.

Dia cero.


Estoy congelado. No lo puedo creer.
Veo el hongo asesino y aún me digo que no es cierto.
Pero lo es. Allí esta.
Al costado de mi mano quedó la comida sin probar; mientras navegaba en Internet, al igual que mis otros compañeros de oficina, saltó la primera información. Parecía una broma de mal gusto pero las principales cadenas de noticias lo confirmaron al instante. Quisimos ver las imágenes por la red pero todos los lugares de video estaban colapsados, entonces alguien recordó que había un televisor en algún sitio del depósito; llegó hasta allí y volvió corriendo con el aparato. Improvisamos como pudimos una antena y las imágenes en directo del canal local nos dejaron a todos como a mi.
Helados.
Aún no se como reaccionar, estoy embobado mirando la tv y tecleando lo que puedo.
-…la explosión se produjo a las 9 hora local de Los Ángeles cuando…-apenas escucho decir al periodista tapado por las todas las voces enloquecidas de mis compañeros.
Y si.
Si algún lugar del mundo la iba a ligar ese era “yanquilandia”. No es que crea que ellos la merecían, para nada. Nadie se merece semejante…atrocidad. Locura.
Pero hay que reconocer que en estos últimos años Estados Unidos no se ha hecho querer mucho en el resto del mundo. Y eso es decirlo suavemente. Han generado muchos odios, lo quisieran o no, y se han hecho blanco precisamente de esos odios.
Pero la bomba…
Las imágenes están tomadas desde muy lejos pero me ponen la piel de gallina; ¿Cuántos muertos habrá ya? ¿Y los que vendrán?
No se porqué tragué un bocado de mi plato y ahora siento grasa en mi boca, asco, pimienta, comino y ganas de vomitar. ¿Se puede “gustar” el miedo? ¿Saborearlo? ¿Tragarlo?
La nuca me grita y me tira para atrás; sin querer miro hacia el rincón y se suma a mis ojos el único tipo que aborrezco del taller, el “puto”, “el sorete”, “el mal nacido”, “el engendro de mierda” en su ordenado y pulcro país de “putoworld” o también llamado “Putolandia”; y no es que me molesten o discrimine a los homosexuales. Tengo amigos entre ellos, y es gente que me cae muy bien.
Pero para mi es muy diferente que te digan homosexual o gay a que yo te llame “puto de mierda”. Verán que de la segunda forma hay una carga de odio y bronca como para agarrar del cuello e ir apretando despacito, despacito.
De pronto toda esa violencia se me cae a los pies. No me atrevo a tomarla y llevármela puesta. Me asusta y la pateo lejos. Lo más lejos que puedo. No olvido. Pero algo más me ocurre.
No se que es. No lo entiendo.
Hay más imágenes desde otro lado, mucho más lejano y más claro o mejor dibujado el hongo; me repugna darme cuenta que algo tan aterrador y espantoso pueda verse tan limpio y claro, tan hermoso. Visto desde tan arriba. Desde muy lejos.
Como yo.
En esta punta lejana del mundo. Mi mundo. Mar del Plata. “La ciudad feliz”. No tengo ganas de reírme porque ya no me parece ni chiste siquiera.
No se que me ocurre.
Siento que estoy frente a un abismo que me separa de todo y nada parece muy real.
Niebla como en las rutas. Humo como en las rutas. Confusión.
Que distante me parece, solo un día atrás, la liberación de Ingrid Betancourt, las emociones que me provocó escucharla en la conferencia de prensa. La admiración.
Aún más raro era pensar en Argentina, en Cristina, el campo, mi magro sueldo, mis temores del futuro, mi madre muerta.
-… además quién pudo…- dijo Adrián tan cerca y apretado contra mi que su codo me provocaba más nausea.
-¿Quién?- grite yo.
No se. Sonó extraña mi voz y mi cara no tengo idea porque me miraron muy raro y luego optaron por no darme pelota.
-Quién habrá sido el hijo de puta.- no me fije quien lo dijo pero lo repetí como un eco deformado.
-Quien habrá sido el hijo de re mil puta.-
Y no se como ni porqué solté la primer lágrima.